Antes de cualquier evento traumático, el cerebro aprendió algo más profundo: si los demás son seguros o peligrosos. Esa huella temprana organiza cómo tu paciente se vincula, cómo se regula y cómo se relaciona contigo en sesión.
Cuando quien debía proteger fue también fuente de miedo, el apego y el trauma se vuelven la misma herida. Por eso las técnicas aisladas no alcanzan: lo que cura es la relación.
En estos tres días vamos a recorrer la neurobiología del apego, entender el apego traumático y, sobre todo, aprender cómo ayudar a tu paciente a construir un apego seguro dentro de la terapia.
No es una charla inspiracional. Es criterio clínico con base en neurociencia del vínculo.
— Dr. Óscar Rivas, PhD